Calle de la Retama
Lleva el nombre de la retama, el arbusto de flores amarillas y ramas casi sin hojas que cubre los secarrales del centro de España.
La retama es una de esas plantas que sobreviven donde casi nada crece. Mata leñosa de la familia de las leguminosas, levanta ramas verdes, flexibles y casi desnudas que en primavera se llenan de flores amarillas; prospera en suelos pobres, secos y soleados, los mismos terrenos áridos que rodeaban Madrid antes de que la ciudad se los tragara. Su nombre viene del árabe ratama, una mata de ratam, y el andalusí lo dejó llano —retáma— como hoy lo decimos.
No se ha conservado constancia de por qué se eligió este arbusto para bautizar la vía. Encaja en la costumbre madrileña de dedicar calles a plantas del campo cercano, y aquí la coincidencia es feliz: el propio nombre de Atocha procede de otra planta humilde de aquellos descampados, los atochares de esparto que crecían junto a la ermita de la Virgen.
La calle de la Retama discurre por la zona ferroviaria e industrial del sur de Arganzuela, cerca de Méndez Álvaro, en un trazado de casi setecientos metros entre naves y vías. El contraste tiene su gracia: un arbusto del monte bajo dando nombre a una de las arterias más urbanas y mecánicas del barrio, allí donde antes hubo huertas, dehesas y el rumor del Manzanares.