Calle de la Huerta del Obispo
Recuerda una antigua huerta que perteneció a un obispo cuyo nombre no se conserva.
Antes de que llegaran los bloques y las aceras, aquí había tierra de labor. Una huerta extensa, que llegaba hasta Cuatro Caminos, propiedad de un obispo del que no ha quedado constancia: se desconoce su nombre, la diócesis que regía y el siglo en que poseyó estos campos al norte de Madrid. Lo que sí quedó fue el nombre, grabado en el arco de entrada a la finca, donde el prelado mantenía una casa de labor.
De aquella huerta salió mucho más que un topónimo de calle. El nombre bautizó a uno de los barrios históricos de Tetuán y todavía hoy lo lleva un parque cercano, entre Villamil y el Paseo de la Dirección. La finca fue menguando con los años, del obispo a un sacerdote y, ya muy reducida, a los padres agustinos, que levantaron sobre ella un colegio.
Quien recorra la Huerta del Obispo no encontrará rastro de surcos ni de acequias. Queda el nombre, que sobrevivió a la huerta, al arco y al obispo anónimo que un día fue su dueño.