Calle de la Huerta del Obispo
Recuerda una antigua huerta que perteneció a un obispo cuyo nombre no se conserva.
Antes de que llegaran los bloques y las aceras, aquí había tierra de labor. Una huerta extensa, que llegaba hasta Cuatro Caminos, propiedad de un obispo del que no ha quedado constancia: se desconoce su nombre, la diócesis que regía y el siglo en que poseyó estos campos al norte de Madrid. Lo que sí quedó fue el nombre, grabado en el arco de entrada a la finca, donde el prelado mantenía una casa de labor.
De aquella huerta del obispo salió mucho más que un topónimo de calle. El nombre bautizó a uno de los barrios históricos de Tetuán —cuando el distrito se organizó a mediados del siglo XX, figuraba junto a Cuatro Caminos, Bellas Vistas o La Ventilla— y todavía hoy lo lleva un parque cercano, entre Villamil y el Paseo de la Dirección.
La finca fue menguando con los años. Pasó del obispo a un sacerdote y, ya muy reducida, a los padres agustinos, que levantaron sobre ella el colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo. Edificios, escuela y jardín ocupan el suelo que antes daban hortalizas.
Quien recorra la Huerta del Obispo no encontrará rastro de surcos ni de acequias. Queda el nombre, que sobrevivió a la huerta, al arco y al obispo anónimo que un día fue su dueño.