Calle de Diego de León

Salamanca · Castellana

La calle honra a Diego de León y Navarrete (Córdoba, 1807 - Madrid, 1841), I conde de Belascoáin y teniente general, conocido como «la primera lanza del Reino» por su pericia ecuestre durante la Primera Guerra Carlista. Obtuvo la Gran Cruz Laureada de San Fernando en Los Arcos (1835) y fue fusilado el 15 de octubre de 1841 tras fracasar en el pronunciamiento moderado contra el regente Espartero.

La vía atraviesa el Ensanche de poniente a levante, desde Serrano hasta Francisco Silvela, cruzando los barrios de Castellana y Lista del distrito de Salamanca. Abierta durante la expansión urbana proyectada por el marqués de Salamanca desde 1860, recibió su denominación en honor a un militar cuya muerte había generado indignación en amplios sectores del ejército. Pedro de Répide la recoge en Las calles de Madrid; la publicación municipal Los nombres de las calles de Madrid (Ayuntamiento de Madrid, 2012, pp. 96-97) confirma el referente biográfico. Diego de León entró al servicio de armas en 1822 al mando de los Húsares de la Princesa. En Los Arcos (2 de septiembre de 1835) sostuvo 72 jinetes frente a catorce batallones carlistas y 500 caballos, lo que le valió la Cruz Laureada de San Fernando. La toma de Belascoáin le supuso el título condal, concedido el 1 de junio de 1839. Fue virrey de Navarra en octubre de 1838 y capitán general de Castilla la Nueva en 1840. En octubre de 1841 se sumó al pronunciamiento moderado de O'Donnell contra el regente Espartero para trasladar a la reina niña y restaurar la regencia de María Cristina. El asalto al Palacio Real fracasó ante la resistencia de los alabarderos. Detenido cerca de Colmenar Viejo, fue juzgado en consejo de guerra y ejecutado el 15 de octubre de 1841 en el camino de los Pontones, junto a la Puerta de Toledo. Espartero rechazó todos los indultos, incluido el de Isabel II. Sus últimas palabras —⁠«No tembléis, al corazón»⁠— consolidaron su figura como símbolo del oficial liberal caído injustamente.
Ante el pelotón de fusilamiento, a la una de la madrugada del 15 de octubre de 1841, Diego de León solicitó ser él quien diera la orden de fuego, se desabrochó la casaca para mostrar el pecho y ordenó la descarga con las palabras «No tembléis, al corazón». El episodio fue recogido en varios periódicos del día siguiente y contribuyó a que su ejecución se leyera como un acto de martirio militar.
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