Calle de Arapiles
Recuerda la batalla de los Arapiles (1812), la victoria angloespañola que abrió a Wellington el camino hacia Madrid durante la Guerra de la Independencia.
El 22 de julio de 1812, junto a dos cerros llamados el Arapil Grande y el Arapil Chico, al sur de Salamanca, el ejército aliado de británicos, portugueses y españoles que mandaba Arthur Wellesley, duque de Wellington, deshizo a las tropas francesas del mariscal Marmont. Las bajas francesas se contaron por miles y los aliados capturaron una docena de cañones. La derrota dejó libre el camino hacia la capital: el 12 de agosto Wellington entraba en Madrid. La pequeña localidad salmantina de Arapiles, que tomó su nombre de esos dos montículos, prestó así su apellido a una de las jornadas decisivas de la Guerra de la Independencia.
Madrid lo recordó cuando abrió esta vía en el trazado nuevo de finales del siglo XIX, desde la glorieta de Quevedo hasta la calle de Vallehermoso. El mismo nombre de la batalla bautizó al barrio que la rodea, en el distrito de Chamberí.
El nombre que hoy se recorre por estas aceras no nació aquí, sino a más de doscientos kilómetros, en unas colinas bajas de la provincia de Salamanca.