Calle Alamedilla
Alamedilla es el diminutivo de alameda, el terreno plantado de álamos, árbol de ribera que abundaba en este flanco de Madrid junto al Manzanares.
El nombre cabe en una sola palabra del campo: alamedilla, diminutivo de alameda, el terreno poblado de álamos o el paseo plantado con ellos. El álamo es árbol de orilla, de hoja temblona y plata por el envés, que crece donde hay agua cerca. Y agua, en este extremo sur de Madrid, había de sobra.
La calle pertenece al barrio de Atocha, en Arganzuela, el distrito que baja hacia el Manzanares. Antes de que la ciudad lo cubriera de asfalto, el terreno entre el casco y el río era de prados, huertas y arboledas que aprovechaban la humedad de la vega. Una alamedilla sería una de esas manchas menores de álamos, demasiado modesta para llamarse alameda mayor pero suficiente para fijar un topónimo.
No se ha conservado constancia documental de a qué soto concreto se refiere el nombre ni de cuándo se trazó la vía. Madrid llenó su callejero de estos diminutivos vegetales —pequeños álamos, pequeños olmos, pequeñas arboledas— que recuerdan un paisaje borrado por el crecimiento urbano. La calle es corta, apenas unos ciento setenta y cinco metros, lo justo para una hilera de árboles que ya no están.