Avenida de la Guindalera

Guindalera

La avenida toma el nombre del barrio de la Guindalera, cuyo topónimo procede de las antiguas huertas de guindos (Prunus cerasus) del extrarradio este de Madrid, regadas por el arroyo Abroñigal y, desde 1868, por el canalillo del Canal de Isabel II. La leyenda del propietario apodado «Don Guindo» la recoge Isabel Gea Ortigas, quien advierte que no existe documentación directa sobre él.

A mediados del siglo XIX esto era campo abierto al este de Madrid, un mosaico de huertas que bebían del arroyo Abroñigal, hoy enterrado bajo la M-30. Desde 1868 el riego llegó también por el canalillo, el ramal este del Canal de Isabel II, que mantuvo verdes los huertos hasta 1967. El nombre no esconde demasiado misterio en su raíz: nace de la guinda, el fruto del guindo, y del sufijo -era, que señala el lugar donde algo abunda. Un guindal, en suma. Aquí entra el personaje. Se cuenta que las huertas pertenecían a un tal «Don Guindo», y de él habría salido el topónimo. Las versiones se contradicen entre sí: en unas el protagonista es una huertana llamada Isabel; en otras, un propietario varón. Nadie ha dado con él. El nombre de la comarca terminó cubriéndolo todo: lo heredaron la avenida de la Guindalera, el mercado, el club recreativo y la parroquia.
Las huertas de la Guindalera no se regaban solo con el arroyo Abroñigal: desde 1868, el canalillo del Canal de Isabel II bajaba hasta el paraje e irrigaba los huertos en paralelo al arroyo. Cuando el canalillo cerró como canal de riego en 1967, el paisaje agrícola que había dado nombre al barrio llevaba ya décadas desaparecido bajo el adoquín.
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