Plaza de España

Argüelles

Bautizada hacia 1912 con el nombre del país, sobre el solar que dejó el derribo del viejo cuartel de San Gil.

El nombre es un homenaje directo a España, fijado hacia 1912 sobre un solar que había cambiado de cara muchas veces. Antes de llamarse así, este rincón al final de la Gran Vía fue huerta y tierra de labranza, luego prado de Leganitos y prado Nuevo, y durante décadas plaza de San Marcial. Carlos III había autorizado allí un convento franciscano, San Gil, que los frailes nunca llegaron a habitar. El edificio acabó convertido en cuartel: primero alojó a las tropas francesas de José Bonaparte, después a caballería y artillería españolas. La piqueta llegó entre 1908 y 1909, y al despejarse el cuartel quedó el gran vacío que la ciudad rebautizó con el nombre de la nación, justo cuando empezaba a abrirse la nueva avenida. El plan soñaba con grandeza patriótica: torres, monumentos y espacios amplios que celebraran las letras y las ciencias del país. De aquel programa cuajó en 1929 el monumento a Cervantes, con el escritor sentado en piedra y, a sus pies, las figuras de bronce de don Quijote y Sancho. En lo alto del monolito, sobre un globo terráqueo, cinco figuras femeninas representan los cinco continentes leyendo la novela, una manera de decir que el Quijote se lee en todas partes. Más tarde llegaron las dos moles que aún dominan el cielo: el Edificio España y la Torre de Madrid, esta última el rascacielos de hormigón más alto de Europa cuando se terminó en los años cincuenta.
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