Paseo del Molino
El paseo recuerda los molinos que trabajaron junto al Manzanares, en la franja de Arganzuela que más tarde sería Legazpi.
El nombre mira al agua. Antes de que Legazpi fuera barrio, esta orilla del Manzanares era dehesa, tahonas y máquinas movidas por la corriente, y a un molino debe su nombre el Paseo del Molino. Por aquí cerca discurría el Real Canal del Manzanares, la vía navegable que Carlos III compró en 1779 con la idea de unir Madrid con el mar. En sus primeras esclusas, las más próximas a la ciudad, el salto del agua movía molinos harineros; el embarcadero quedaba al final del actual Paseo de Santa María de la Cabeza. De aquel mundo de ruedas y harina sobrevive el topónimo, aunque no está documentado cuál fue el molino exacto que bautizó la vía.
El paseo guarda además un destino curioso para lo perdido. En el número 7 está la Oficina de Objetos Perdidos del Ayuntamiento, adonde van a parar los paraguas, carteras y llaves que los madrileños olvidan en el metro, el autobús o el taxi.
El paseo forma eje con el Paseo de la Chopera y limita por el norte el barrio de Legazpi, el mismo que en el primer tercio del siglo XX vio levantarse el Matadero y el Mercado de Frutas y Verduras.