Calle Turia
Lleva el nombre del río Turia, que nace en la sierra de Albarracín y desemboca en Valencia.
El nombre viene del río Turia, el caudal que baja desde la sierra de Albarracín, en Teruel, atraviesa la huerta valenciana y muere en el Mediterráneo. En su tramo alto se le conoce como Guadalaviar, del árabe wadi al-abyad, «río blanco»; aguas abajo cambia de nombre y se convierte en Turia, voz prerromana que los autores latinos ya recogían como Tūria y que suele vincularse al sustrato ibérico de la zona.
La calle Turia es una de las que cierran el perímetro de la colonia de El Viso, el conjunto de casas bajas y blancas que Rafael Bergamín levantó a partir de 1933 en una de las cotas más altas de Madrid, con vistas hacia el Guadarrama. Sus calles llevan nombres de ríos de España: aquí caen, vecinos, el Tormes, el Sil, el Arga, el Nervión y este Turia, como un pequeño atlas fluvial dibujado sobre el plano del barrio.
La paradoja la pone el agua que falta. La calle ocupa terreno seco y elevado, sin más río que el de su rótulo, mientras el Turia de verdad cargaba un historial de crecidas. La riada de 1957 anegó Valencia y acabó empujando el desvío de su cauce fuera de la ciudad; el lecho viejo quedó convertido en un jardín que hoy cruza la urbe. De aquel río solo llega aquí el nombre, escrito en una placa de la parte alta de Madrid.