Calle Santorcaz
Toma el nombre de Santorcaz, villa del oriente madrileño cuyo topónimo nació de la devoción a San Torcuato.
El nombre nos lleva al oriente de Madrid, hasta Santorcaz, una de las villas más antiguas de la región. El topónimo del pueblo guarda dentro un santo: la leyenda atribuyó su fundación a San Torcuato, y de aquella devoción —San Torcaz, con el roce de los siglos— quedó Santorcaz. El homenajeado fue Torcuato de Acci, contado entre los varones apostólicos a quienes la tradición encomendó la evangelización del sur de Hispania allá por el siglo I. El lugar arrastra una memoria mucho más vieja que su nombre cristiano. Sobre el llamado Llano de la Horca se asentaron los carpetanos siglos antes de Cristo, y de aquel poblado íbero proceden los hallazgos que hoy se conservan y estudian.
La estampa que se cuenta a los visitantes es otra. En el castillo de Torremocha, que llegó a ser residencia de verano de los arzobispos de Toledo y después prisión, estuvo recluida Ana de Mendoza, la célebre princesa de Éboli, trasladada allí en su largo encierro antes de acabar sus días en Pastrana.
El barrio de El Viso ordenó muchas de sus vías con nombres de localidades madrileñas. Santorcaz trajo hasta aquí, en apenas un centenar de metros, un pueblo de murallas, un castillo convertido en cárcel y una princesa caída en desgracia.