Calle Marqués de Valdecilla

El Viso

Recuerda a Ramón Pelayo de la Torriente (1850-1932), indiano cántabro enriquecido con el azúcar de Cuba y gran filántropo, a quien Alfonso XIII concedió el marquesado de Valdecilla.

Detrás de esta vía corta del barrio de El Viso hay un hombre que salió de un pueblo de Cantabria a los catorce años y volvió convertido en una de las grandes fortunas de España. Ramón Pelayo de la Torriente nació en 1850 en Valdecilla, en el concejo de Medio Cudeyo, y murió allí mismo en 1932. Emigró a Cuba en 1864 y allí hizo su capital con el ingenio azucarero Rosario, que modernizó con maquinaria de vanguardia hasta volverlo uno de los más competitivos de la isla. El título que da nombre a la calle no le vino de cuna. Alfonso XIII se lo concedió en 1916, y la grandeza de España en 1927, en reconocimiento a su respaldo a la Corona y, sobre todo, a una filantropía descomunal. De su bolsillo salió la Casa de Salud Valdecilla de Santander, hoy hospital universitario, levantada con las ideas hospitalarias más avanzadas de la época. También donó un millón de pesetas a la Universidad Central de Madrid, cuyo pabellón Valdecilla aún lleva su nombre. Hacia 1904 costeó los estudios del niño prodigio del ajedrez José Raúl Capablanca en Estados Unidos, confiando en que un día le llevara los negocios del azúcar. Capablanca eligió el tablero y llegó a campeón del mundo.
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