Calle Juan de la Cierva
Recuerda al ingeniero e inventor murciano Juan de la Cierva y Codorníu (1895-1936), creador del autogiro, antecesor del helicóptero.
El nombre honra a Juan de la Cierva y Codorníu (Murcia, 1895), formado como ingeniero de caminos, que de niño ya construía modelos voladores y que en 1912, con dieciséis años, participó junto a dos compañeros en la construcción de un biplano bautizado El Cangrejo, que logró volar. El accidente de un avión propio, que se desplomó al perder velocidad, lo empujó a buscar una aeronave más segura. Así nació el autogiro, de alas giratorias y aterrizaje casi vertical, precursor del helicóptero. Sus tres primeros prototipos fracasaron por la rigidez del rotor; al articular las palas para que batieran libremente, la máquina por fin se sostuvo. El primer vuelo logrado tuvo lugar en el aeródromo de Getafe a comienzos de 1923 y, en 1929, una de estas máquinas cruzó el Canal de la Mancha de Londres a París pilotada por él mismo. De la Cierva murió en 1936 en un accidente de aviación cerca de Londres.
La calle guarda su propia curiosidad. En 1940 esta vía llevaba el nombre del arquitecto Gustavo Fernández Valbuena. En diciembre de 1956 se produjo un intercambio insólito: las placas de ambas calles se cambiaron de sitio, y este tramo —entre Serrano y Joaquín Costa— pasó a llamarse Juan de la Cierva. Hoy alberga un instituto de química del CSIC.