Calle del Sil

El Viso

Toma su nombre del río Sil, principal afluente del Miño, dentro del mapa de ríos españoles con que se bautizaron las calles de la Colonia El Viso.

El Sil debe su nombre al río que da carácter al noroeste peninsular, el principal afluente del Miño, y forma parte de un mapa fluvial dibujado sobre el barrio: cuando se urbanizó la Colonia El Viso en los años treinta, sus vías se bautizaron con nombres de ríos españoles, y el Sil quedó vecino del Nervión, el Tormes, el Arga y el Turia. El río baja desde tierras de León y se encajona en Galicia entre paredes de roca que en algunos tramos superan los quinientos metros, los cañones que hoy ordenan la Ribeira Sacra. Allí el agua talló un paisaje vertical de monasterios colgados y viñedos en bancales casi imposibles. El Sil arrastraba además un tesoro. Los romanos sabían que sus arenas llevaban oro y montaron una de las obras hidráulicas más audaces de su ingeniería: en Montefurado perforaron un cerro para desviar el cauce y dejar al descubierto el lecho, y cribar así el metal que el río traía desde los montes. El topónimo, «monte horadado», recuerda todavía aquel agujero abierto en la montaña. De ese río de gargantas profundas y oro lavado por legionarios solo queda en Madrid una placa serena, en una calle de poco más de quinientos metros, entre los hotelitos racionalistas que hicieron del Viso uno de los barrios más singulares de la ciudad.
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