Calle del Ónice
Toma su nombre del ónice, variedad de calcedonia de bandas paralelas cuyo nombre llega del griego para «uña».
El ónice da nombre a esta vía discreta del entorno de Legazpi, en Arganzuela, junto al cauce del Manzanares. La palabra viene del griego ónyx, «uña» o «garra». Sus capas finas y traslúcidas, que alternan claros y oscuros, recuerdan al brillo de una uña a contraluz. De ahí pasó al latín onyx y a casi todas las lenguas europeas.
El mineral es una variedad de calcedonia, que a su vez pertenece a la familia del cuarzo: sílice ordenada en bandas planas y paralelas, blancas, negras o pardas. Cuando esas bandas se curvan, la misma piedra se llama ágata; cuando se aplanan, ónice. Los romanos lo tallaban en camafeos y vasos, aprovechando que cada capa podía pulirse hasta un color distinto.
No se ha conservado constancia municipal de por qué este tramo recibió el nombre del mineral ni de quién lo propuso. La elección encaja en una costumbre del nomenclátor madrileño: rotular calles modestas con nombres de gemas y piedras. Las vías vecinas, dedicadas al Bronce o al Plomo, pertenecen al mismo conjunto.