Calle del Ega
Toma el nombre del Ega, río del norte peninsular y afluente del Ebro, dentro de la red de calles fluviales de la colonia El Viso.
El nombre viene de un río. El Ega nace en tierras alavesas, en la falda de la sierra de Cantabria, y recorre algo más de cien kilómetros hasta entregar sus aguas al Ebro en el extremo sur de Navarra. En su camino abraza Estella con un meandro tan ceñido que la villa se ganó el apodo de la ciudad del Ega.
Que ese río dé nombre a una calle de Madrid se entiende mirando alrededor. La colonia El Viso, levantada en los años treinta sobre los altos del final de Serrano, bautizó buena parte de su trazado con hidrónimos peninsulares. A pocos pasos corren el Arga, el Sil, el Tormes, el Turia, el Nervión, y los límites del conjunto llevan los nombres del Cinca, el Segre y el Darro. Ega entró en esa nómina de aguas como una calle breve, apenas un centenar de metros, entre las casas cúbicas que diseñó Rafael Bergamín, de fachadas claras y patios escondidos.
La elección responde a la coherencia del callejero más que a un homenaje concreto: agua que nombra agua. Por eso el paseante encuentra aquí, en una de las zonas más caras de la ciudad, el eco de un río corto del norte que casi nadie asocia con Madrid. Un afluente del Ebro escrito en una placa, lejos de su cauce.