Calle del Darro

El Viso

Toma su nombre del Darro, el río que parte Granada entre el Albaicín y la Alhambra, dentro del callejero fluvial de El Viso.

El barrio de El Viso ordenó muchas de sus calles como un mapa de ríos de la península, y a esta le tocó el Darro, el cauce corto y luminoso de Granada. Apenas veintidós kilómetros bajan desde la sierra de Huétor hasta entregarse al Genil, pero por el camino el río separa dos mundos: en una orilla el laberinto del Albaicín, en la otra la colina de la Alhambra, a la que durante siglos llevó el agua por la acequia real. El nombre guarda una promesa de riqueza. La tradición lo emparenta con el latín dat aurum, «da oro», porque sus arenas escondían motas que se lavaban a mano. La batea siguió cribando aquellas orillas hasta mediados del siglo XX, ya con más romanticismo que rendimiento. Los árabes lo habían llamado Hadarro. Quien busque el río en el centro de Granada apenas lo verá: las obras de embovedado, iniciadas en 1854, lo dejaron oculto bajo las plazas a partir de Santa Ana, de modo que las multitudes pisan su corriente sin saberlo. De los catorce puentes que llegó a tener sobreviven cuatro. La Calle del Darro madrileña corre tranquila entre hotelitos, sin oro ni puentes, fiel solo al sonido del nombre que trajo desde el sur.
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