Calle del Cinca

El Viso

Toma su nombre del río Cinca, río pirenaico de la cuenca del Ebro que nace en los glaciares de Monte Perdido, en Huesca.

El Cinca baja del Pirineo aragonés, donde la nieve del macizo de Monte Perdido alimenta su nacimiento en el circo de Pineta, al pie de los hielos de Marboré. Desde allí desciende casi 200 kilómetros hasta el Ebro, atravesando Aínsa, Monzón y Fraga, embalsado por el camino en Mediano y El Grado. Su nombre llegó al callejero madrileño cuando se trazó la colonia de El Viso, levantada desde 1933 sobre planos de Rafael Bergamín con volúmenes cúbicos y azoteas planas de aire centroeuropeo. El barrio se ordenó bajo un mismo criterio: rotular sus calles con ríos de España, y aquí cayeron el Cinca, el Segre y el Darro. La coincidencia tiene gracia geográfica. En el mundo real, el Cinca y el Segre se encuentran poco antes de entregar sus aguas al Ebro, en el paraje que en catalán llaman aiguabarreig, la mezcla de aguas, uno de los grandes encuentros fluviales de la península. En El Viso, las calles Cinca y Segre repiten esa vecindad sobre el plano, dos hilos pirenaicos reunidos a la sombra de los hotelitos racionalistas, lejos del agua que les dio el nombre.
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