Calle de las Caleras
El nombre recuerda las caleras, los hornos donde se calcinaba la piedra caliza para fabricar cal, y el oficio de los caleros que las atendían.
Una calera era el horno donde se quemaba piedra caliza durante muchas horas hasta convertirla en cal, el material que durante siglos sirvió para blanquear fachadas, asentar muros y desinfectar corrales. El calero extraía la piedra, la apilaba en el horno de mampuesto y mantenía el fuego encendido sin descanso mientras la masa se calcinaba. Era trabajo de las afueras: humo, polvo blanco y un calor que se sentía a distancia. La Calle de las Caleras conserva la memoria de ese oficio en un rincón de El Viso.
El barrio que hoy rodea la calle nació en los años treinta como colonia residencial de chalés racionalistas, una de las más modernas del Madrid de su tiempo. Antes de aquello, toda esta zona alta del norte era campo abierto, en el borde de la ciudad. Buena parte de las calles vecinas tomaron nombres de ríos y de pintores; esta se quedó con el de un trabajo humilde y caluroso.
No se ha conservado constancia documentada del motivo por el que se eligió este nombre para esta vía concreta, ni de unas caleras precisas que estuvieran aquí. Queda el rastro de la palabra: cal viva, piedra al fuego y manos quemadas, en una calle que hoy huele más a jardín que a horno.