Calle de Eros
Lleva el nombre de Eros, el dios griego del amor y el deseo, hijo de Afrodita.
Eros encarnaba para los griegos la fuerza que empuja a unirse a dioses y mortales. Su nombre significa deseo, y bajo él se imaginaba el amor como un poder anterior al orden del mundo, capaz de mover el caos hacia la vida. El relato más extendido lo hace hijo de Afrodita; otro, más antiguo, lo cuenta entre las primeras divinidades, nacido casi al tiempo que la tierra. Se le representó como un joven alado con arco y dos clases de flechas: las de oro encienden el amor, las de plomo lo apagan. A él se atribuye también el enamoramiento de Psique, una mortal que terminó siendo su esposa tras un largo ciclo de pruebas.
Roma lo rebautizó Cupido y lo redujo al niño travieso de las estampas. El Eros griego conservaba otro peso: el de una potencia primordial.
La calle de Eros discurre por Legazpi, en Arganzuela, un sector levantado sobre antiguo suelo industrial y ferroviario al sur de Madrid. No se ha conservado constancia del motivo por el que el callejero llevó hasta aquí al dios del amor; el nombre figura en el plano sin explicación que lo acompañe. Queda la figura sola, arco en mano, dando título a una vía de poco más de cuatrocientos metros.