Calle de Embajadores
Recuerda a los embajadores extranjeros que, durante una peste del siglo XV, se confinaron en las quintas de campo al sur de la Villa.
Hacia 1435, con la peste extendiéndose por Madrid, los diplomáticos de varias cortes que esperaban audiencia con Juan II de Castilla buscaron refugio lejos del foco. El de Aragón se instaló en la casa de campo de Santiago el Verde; el de Túnez, en la quinta de San Pedro; los de Navarra y Francia, en fincas vecinas. Entre unas y otras quedaba un descampado que el pueblo empezó a llamar el campo de los Embajadores, y la vía trazada allí heredó aquel nombre.
La calle arranca en la Plaza de Cascorro, cabecera del Rastro, y baja hacia el sur a lo largo de casi seis kilómetros que cosen el Centro con Arganzuela y Puente de Vallecas. A su paso quedan hitos del Madrid castizo: la antigua Real Fábrica de Tabacos, luego refugio de las cigarreras, y las freidurías donde aún se sirven gallinejas.