Calle de El Soto
Toma su nombre de la palabra común soto, el bosque húmedo de ribera que crecía junto al Manzanares, a pocos pasos de esta calle de Legazpi.
Un soto es la arboleda baja y húmeda que prospera a la orilla de un río, sombra de chopos, álamos, sauces y zarzas sobre tierra que el agua inunda y fertiliza. La palabra viene del latín saltus, bosque o monte, y se asentó en el castellano antiguo para nombrar precisamente ese paisaje fluvial. De ahí salieron pueblos enteros de la región: Soto del Real, los sotos del Jarama y del Henares.
La calle de El Soto está en Legazpi, en el sur de Arganzuela, muy cerca del cauce del Manzanares. Hasta el siglo XIX toda esta franja era ribera rural y vega de huerta, terreno de riada antes que de asfalto, y el nombre conserva la memoria de aquella vegetación de orilla que cubría las márgenes del río madrileño.
No se ha conservado constancia documental de un homenaje concreto detrás de este tramo corto: el nombre describe el lugar más que celebra a nadie. Apenas ochenta y dos metros bastan para recordar que aquí, donde hoy se alinean naves y edificios, hubo agua, barro y árboles inclinados sobre la corriente. Quien la recorre pisa la antigua vega del Manzanares, hoy seca de soto pero no de nombre.