Calle de Carabaña
Lleva el nombre de Carabaña, municipio del valle del Tajuña célebre por su agua mineral purgante.
El nombre viaja desde el sureste de la Comunidad de Madrid, donde Carabaña se asienta junto al río Tajuña. La calle de Carabaña recoge ese topónimo en pleno Legazpi, un rincón de Arganzuela que pasó de huertas y pastos a barrio industrial cuando el Ensanche bajó hasta el Manzanares.
Carabaña arrastra una historia larga. Las laderas del bajo Tajuña guardan cuevas y poblados de la Edad del Hierro, y por sus vegas pasaron también los romanos. Pero su fama llegó por el agua. Hacia 1880, el farmacéutico Ruperto Chávarri reparó en el sabor extraño de un manantial cercano al pueblo durante una jornada de caza y mandó analizarlo. El análisis dio la razón a una creencia local muy anterior, y en pocos años las aguas se declararon minero-medicinales y empezaron a embotellarse.
El Agua de Carabaña se convirtió en el purgante más célebre de España. Se vendía por medio mundo, firmó contratos en Francia y llegó a anunciarse hasta en Nueva Zelanda. De aquella publicidad sobrevive un azulejo en la estación fantasma de Chamberí, hoy museo, que la proclama «el mejor purgante». La ciencia posterior rebajó el milagro a un simple efecto laxante, sin los prodigios que prometía la propaganda.
Quien lee el rótulo en Legazpi nombra una marca que llenó las casas españolas durante décadas.