Calle de Baltasar Gracián

Malasaña·Universidad

La calle lleva el nombre del escritor y filósofo jesuita Baltasar Gracián y Morales (Belmonte de Calatayud, 1601 — Tarazona, 1658), figura central del conceptismo barroco español y uno de los moralistas más influyentes de la historia europea. La rotulación no consta en los nomenclátores históricos digitalizados accesibles antes de 1900; la calle aparece en el callejero actual del barrio de la Universidad, distrito Centro, entre las calles de Santa Cruz de Marcenado y de Alberto Aguilera. La fecha exacta de la rotulación no figura en las fuentes consultadas.

La calle de Baltasar Gracián es corta y discreta, y roza por su flanco norte el edificio neomudéjar del Instituto Católico de Artes e Industrias, levantado entre 1903 y 1905 por encargo de la Compañía de Jesús. El emparejamiento tiene su gracia: Gracián fue jesuita, y la fachada que asoma a la vía perteneció a la misma orden que lo formó. Casi toda su obra salió con seudónimo o firmada por su hermano, una treta para esquivar a los superiores de la Compañía, que le reprochaban escribir en castellano en lugar de latín. La tercera parte de El Criticón (1657) agotó la paciencia de sus superiores, que lo castigaron sin medias tintas: reprensión pública, ayuno a pan y agua, prohibición de usar tinta y papel, y destierro. Murió en Tarazona en 1658. Lo que vino después lo encumbró más que lo que vivió. Schopenhauer aprendió español para verter al alemán su Oráculo manual y arte de prudencia, y Nietzsche lo llamó el libro más ambicioso sobre el arte de vivir. Aquella difusión alemana llevó la prosa moral de Gracián hasta la filosofía continental del siglo XX.
En 1640 Gracián viajó a Madrid como confesor del duque de Nocera y escribió desde allí tres cartas a su mecenas Lastanosa. En ellas describió la corte como un «embeleco» y expresó su decepción con la vida palatina, pero también consignó, con satisfacción apenas disimulada, que había encontrado su propio libro, El Héroe, en la biblioteca del palacio real. El poeta Antonio Hurtado de Mendoza probablemente lo había introducido allí. La imagen del jesuita aragonés husmeando en los estantes del alcázar para comprobar que su obra clandestina había llegado a la corte es uno de los pocos momentos de su vida que las fuentes documentan con cierto detalle.

Sus nombres

  • Sin nombre documentado (vía de nueva apertura)Finales del siglo XIX
  • Calle de Baltasar GraciánSiglo XX (fecha exacta no documentada)
Personas Escritores y artistas origen disputado
Ver fuentes (9)