Calle de Ariel
Lleva el nombre de Ariel, el espíritu del aire de La tempestad de Shakespeare, aunque la razón municipal de la dedicatoria no se ha conservado.
Ariel es un espíritu del aire. Así lo imaginó Shakespeare en La tempestad, donde sirve al mago Próspero después de que este lo libere del tronco en el que la bruja Sycorax lo había aprisionado doce años. Ligero, travieso, capaz de levantar tormentas y volverse invisible, Ariel encarna lo aéreo frente a la tierra pesada de Calibán. El nombre viene del hebreo Ariʾel, «león de Dios», y en la tradición esotérica se asocia a un ángel de la naturaleza y de los elementos. Por ese halo el nombre acabó clasificándose entre los mitológicos del callejero.
Por qué este tramo de Legazpi recibió precisamente el nombre de Ariel no está documentado. La calle ocupa un rincón del sureste de Arganzuela donde los rótulos se reparten entre dos mundos: a un lado el llamado barrio de los Metales, con vías como Bronce, Hierro o Antracita; al otro, un puñado de nombres venidos del mito, entre ellos la vecina calle de Eros.
Quien recorra hoy la calle de Ariel encontrará bloques de vivienda reciente y parques que han transformado lo que durante décadas fue suelo industrial junto al Manzanares. Son unos doscientos ochenta metros de trazado corto, sin más rastro del espíritu del aire que el rótulo.