Calle de Zamora
Lleva el nombre de Zamora, la ciudad castellana asomada al Duero, dentro del grupo de calles de Bellas Vistas bautizadas con topónimos españoles.
El nombre viene de Zamora, la ciudad de Castilla y León encaramada sobre un cerro junto al Duero. En este rincón de Bellas Vistas, donde el callejero fue prendiendo nombres de provincias y ciudades del país, Zamora se sumó a vecinas como Tenerife o Pamplona. Por qué los responsables del trazado eligieron precisamente esta capital no se conserva documentado.
Los romanos la llamaron Ocellum Duri, «el ojo del Duero», y de ahí fue rodando el topónimo hasta su forma actual. Alfonso III la repobló y amuralló a finales del siglo IX como plaza fuerte de la frontera cristiana del Duero, lo que la convirtió en una de las ciudades mejor defendidas de su tiempo.
De aquellas murallas nace su episodio más recordado. En 1072 el rey Sancho II la sitió durante más de siete meses sin doblegarla, hasta que el noble Bellido Dolfos lo mató a las puertas de la ciudad. De aquel asedio quedó el dicho «No se ganó Zamora en una hora».
Zamora reúne hoy una de las mayores concentraciones de arte románico de Europa, con más de una veintena de templos levantados sobre todo en el siglo XII.