Calle de Marcelina

Almenara

La calle recuerda a Marcelina Sánchez, vendedora de un puesto callejero del antiguo Tetuán, y lleva su nombre desde 1929.

Un nombre de pila a secas, sin apellido que lo solemnice, basta para ocupar el rótulo. Detrás de él está Marcelina Sánchez, una mujer que regentaba un puesto callejero en este rincón del viejo Tetuán y que, por motivos que ya nadie sabe precisar, se ganó la fama entre quienes vivían a su alrededor. La calle lleva su nombre desde 1929, cuando estos solares aún no formaban parte de Madrid y el barrio crecía a su aire, al margen del trazado oficial de la capital. Esa familiaridad explica una rareza del callejero. En toda la ciudad apenas se cuentan unas cuarenta vías que llevan solo el nombre de pila de una persona, y casi todas se agolpan en las antiguas periferias: Tetuán, Carabanchel, Puente de Vallecas. Eran barrios que se nombraban a sí mismos con el habla de cada día, sin esperar el permiso de una comisión. Llamar a una calle Marcelina, sin más, era una manera de tutear a la vecina. Hoy Marcelina corre a un paso de la Plaza de Castilla. Desde sus bocacalles asoman, al fondo, los rascacielos de las Cuatro Torres, vigilando desde lejos a la mujer del puesto que dio nombre al suelo que pisaban sus clientes.
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