Calle de Las Carolinas
Recuerda las islas Carolinas, el archipiélago del Pacífico que fue posesión española y que tomó su nombre del rey Carlos II.
El nombre apunta lejos de Tetuán, hacia un archipiélago del Pacífico de casi mil islas que durante siglos figuró en los mapas como territorio de España. Navegantes castellanos las avistaron en 1526, pero el bautismo llegó en 1686, cuando Francisco de Lazcano las recorrió y las puso bajo la advocación de Carlos II, el último Habsburgo español. De aquel homenaje al monarca quedó el nombre que hoy se lee en este rincón de Bellas Vistas, entre Bravo Murillo y Olite.
Las islas dieron a España un último episodio de orgullo imperial ya en decadencia. En 1885, cuando Alemania quiso apropiárselas, el pleito se llevó a arbitraje del papa León XIII, que falló a favor de Madrid. Duró poco: tras el desastre de 1898, España las vendió a Alemania por veinticinco millones de pesetas, y de allí pasarían a Japón, a Estados Unidos y, por fin, a la independencia de Micronesia y Palaos.
La calle aparece además en la literatura. Vicente Blasco Ibáñez situó por aquí, en su novela La horda (1905), la casa de la abuela de Maltrana, el protagonista, una vieja trapera apodada la Mariposa, cuando el barrio de las Carolinas era todavía un suburbio de chabolas y descampados al norte de Madrid.