Calle de las Balsaminas
Toma su nombre de la balsamina, flor ornamental de jardín, dentro de un grupo de calles de Castillejos bautizadas con nombres de flores.
La calle de las Balsaminas debe su nombre a una flor de jardín, la balsamina, que en muchos balcones madrileños se conoce como miramelindos o alegría. Es una planta menuda de pétalos rosados, púrpuras o blancos, criada desde antiguo por su floración fácil y generosa en macetas.
El rincón pertenece a un grupo de calles cortas del barrio de Castillejos. A pocos pasos discurren las que recuerdan a las azucenas, las gardenias o las magnolias, de modo que el callejero dibuja aquí una pequeña colección botánica sobre el asfalto. Castillejos, en cambio, toma su nombre de una batalla de la guerra de África de 1860.
La balsamina guarda un secreto que explica su nombre culto, Impatiens, la impaciente. Cuando el fruto madura, basta rozarlo para que la cápsula estalle y dispare las semillas a varios metros, como un resorte. Quien aprieta una vaina seca entre los dedos siente saltar el grano antes de verlo caer.