Calle de la Rábida
Toma su nombre del monasterio de La Rábida, en Huelva, donde Cristóbal Colón maduró su proyecto antes de zarpar hacia América.
El nombre viaja desde un acantilado de Huelva. Allí, sobre la ría donde se juntan el Tinto y el Odiel, se levanta el monasterio franciscano de La Rábida, la casa que acogió a Cristóbal Colón hacia 1485, cuando arrastraba su empresa sin encontrar quien lo respaldara. Entre aquellos muros encontró a fray Juan Pérez y a fray Antonio de Marchena, que le abrieron la puerta de la corte y lo pusieron en contacto con los armadores de Palos. De aquellas conversaciones salió, en buena medida, el viaje de 1492.
La palabra es más antigua que el convento. Procede del árabe ribāṭ, que a través del andalusí dio rábida: una pequeña fortaleza-monasterio levantada en la frontera costera, donde unos ascetas musulmanes oraban y, llegado el caso, vigilaban el mar. El edificio cristiano heredó el emplazamiento y el topónimo.
En el callejero de Bellas Vistas, la Rábida es uno de tantos nombres que Madrid repartió por sus barrios para evocar geografías lejanas. Aquí no hay ría ni acantilado, sino una vía corta del Tetuán obrero que creció a finales del XIX. Quien lee la placa en voz alta pronuncia, sin saberlo, una palabra que antes de hablar de Colón hablaba de centinelas frente al Atlántico.