Calle de la Basílica
Toma su nombre de la Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced, el gran templo mercedario que se alza a pocos metros, en la calle de Edgar Neville.
Los padres mercedarios encargaron la basílica como casa madre de su orden y como monumento a la Hispanidad: cada capilla se dedicó a una nación de América.
La firmaban dos arquitectos jóvenes, Francisco Javier Sáenz de Oíza y Luis Laorga, con una planta basilical clásica ajustada al solar alargado. Las obras se alargaron de 1949 a 1965 entre apuros económicos, y la mole final mide 66 metros de largo y supera los 42 de altura. La aventura salió tan cara a sus autores que ambos terminaron renunciando a la autoría; después, Sáenz de Oíza firmaría Torres Blancas y el Banco de Bilbao. Quien lea hoy la placa puede mirar al fondo: la torre que da nombre a la calle sigue ahí.