Calle de la Basílica

Cuatro Caminos

Toma su nombre de la Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced, el gran templo mercedario que se alza a pocos metros, en la calle de Edgar Neville.

A pocos metros de esta vía se levanta la Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced, y de ella tomó su nombre la calle de la Basílica. El templo, en la actual calle de Edgar Neville, lo encargaron los padres mercedarios como casa madre de su orden y como monumento a la Hispanidad: cada capilla se dedicó a una nación de América. El proyecto ganó el concurso por unanimidad. Lo firmaban dos arquitectos jóvenes, Francisco Javier Sáenz de Oíza y Luis Laorga, que apostaron por una planta basilical clásica, ajustada al solar alargado, sin caer en el historicismo de imitación. La primera piedra se colocó el 12 de diciembre de 1949, pero las obras se alargaron hasta 1965 entre apuros económicos y cambios de plano. La mole final mide 66 metros de largo y se eleva más de 42 de altura. La aventura salió cara a sus autores. Sáenz de Oíza y Laorga terminaron separándose, y ambos renunciaron a la autoría del edificio. Más tarde, Sáenz de Oíza firmaría Torres Blancas y el Banco de Bilbao, dos hitos del Madrid moderno. Quien lea hoy la placa puede mirar al fondo: la torre que da nombre a la calle sigue ahí, custodiando un retablo de hierro abstracto y cadenas.
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