Calle de Don Quijote
Lleva el nombre del hidalgo de la novela de Cervantes, dentro de un grupo de calles cervantinas de Cuatro Caminos.
El caballero de la triste figura cabalga por Cuatro Caminos sin moverse de su novela. La calle recuerda a don Quijote, el hidalgo que Cervantes lanzó a los caminos de la Mancha persiguiendo gigantes que eran molinos, y forma parte de un grupo de vías que el barrio dedicó a la literatura: a un lado Dulcinea, su dama imaginada; cerca, Cicerón.
La ironía la puso el plano: las dos calles corren paralelas, separadas por unos cincuenta metros, cortadas por Hernani, Oviedo, Palencia y Jaén. Se rondan y nunca se tocan, como el caballero y su amada, que tampoco llegaron a rozarse en la ficción.
En los años veinte esto era extrarradio sin urbanizar, terreno de las casas modestas de ladrillo que los propios vecinos levantaron en los bordes del Ensanche de Castro. De aquel origen queda el carácter de Don Quijote: estrecha, escalonada, con subidas y bajadas, sin paso de coches hacia Raimundo Fernández Villaverde.