Calle de Don Quijote
Lleva el nombre del hidalgo de la novela de Cervantes, dentro de un grupo de calles cervantinas de Cuatro Caminos.
El caballero de la triste figura cabalga por Cuatro Caminos sin moverse de su novela. La calle recuerda a don Quijote, el hidalgo que Miguel de Cervantes lanzó a los caminos de la Mancha persiguiendo gigantes que eran molinos, y forma parte de un grupo de vías que el barrio dedicó a la literatura: a un lado Dulcinea, su dama imaginada; cerca, Cicerón.
El nombre llegó al callejero doce años después que el de Dulcinea, ya con Alberto Bosch en la alcaldía. La ironía la puso el plano: las dos calles corren paralelas, separadas por unos cincuenta metros que se ensanchan hasta setenta, cortadas por Hernani, Oviedo, Palencia y Jaén. Se rondan y nunca se tocan, como el caballero y su amada, que tampoco llegaron a rozarse en la ficción.
En los años veinte esto era extrarradio sin urbanizar ni numeración oficial, terreno de las casas modestas de ladrillo que los propios vecinos levantaron en los bordes del Ensanche de Castro. De aquel origen humilde queda el carácter de Don Quijote: estrecha, escalonada, con subidas y bajadas, sin paso de coches hacia Raimundo Fernández Villaverde. Una calle desastrada frente a la más amable Dulcinea, fieles hasta en eso al desencuentro que les dio nombre.