Calle de Cicerón
Honra a Marco Tulio Cicerón, el orador y filósofo de la Roma republicana cuya prosa fijó el latín culto durante siglos.
El nombre recuerda a Marco Tulio Cicerón, abogado, político y escritor nacido en Arpino en el año 106 antes de nuestra era. Llegó al consulado siendo un hombre nuevo, sin antepasados ilustres, y se ganó cada peldaño con la voz: desbarató la conjura de Catilina desde la tribuna y dejó tratados sobre la amistad, la vejez y el deber que la Europa moderna leyó como manual de buen latín y de buen gobierno.
Su talento para hablar acabó costándole la vida. Tras el asesinato de César arremetió contra Marco Antonio en una serie de discursos demoledores, las Filípicas. Antonio no olvidó. Cuando el segundo triunvirato repartió las listas de proscritos en el 43 antes de nuestra era, su nombre encabezó la matanza. Lo alcanzaron huyendo cerca de la costa; el viejo orador asomó el cuello de la litera y se dejó degollar. Por orden expresa le cortaron también las manos, las que habían escrito contra Antonio, y clavaron cabeza y manos en los Rostra del Foro, la misma tribuna desde la que había electrizado a Roma.
La calle de Cicerón es un tramo corto y peatonal del antiguo arrabal de Cuatro Caminos, donde el callejero mezcla provincias españolas y figuras de la cultura clásica. No se ha conservado constancia del motivo concreto de la dedicatoria.