Calle Azahar
Lleva el nombre del azahar, la flor blanca del naranjo y otros cítricos, palabra que el español heredó del árabe.
El azahar es la flor blanca y olorosa del naranjo, el limonero y demás cítricos. La palabra llegó al castellano desde el árabe andalusí azzahár, y este del árabe clásico zahr, «flor». De esa misma raíz procede también «azar»: la misma az-zahr que nombraba la flor acabó designando la suerte. En la cultura andalusí el azahar simbolizaba la pureza y el amor duradero, y por eso adornaba a las novias.
Por qué se eligió precisamente esta flor para bautizar la calle no se ha conservado documentado. Azahar pertenece a un nutrido grupo de vías de Tetuán con nombre botánico —Margaritas, Magnolia, Cantueso, Jaramagos, Miosotis—, muchas de las cuales entraron en el callejero a mediados del siglo XX. Por entonces Madrid absorbió Chamartín de la Rosa, al que pertenecía Tetuán, y al fundir dos municipios afloraron decenas de nombres repetidos. Para deshacer el lío se rebautizaron calles enteras, y la flora ofrecía un repertorio cómodo y abundante: nombres breves, neutros, sin filiación política. La vecina Miosotis se llamó Isaac Peral hasta esa anexión.
Apenas un centenar de metros en el barrio de Castillejos, la calle nombra una flor que casi nadie ha visto crecer en Madrid, ciudad de inviernos demasiado fríos para que el naranjo cuaje fruto.