Calle Acueducto
Recuerda el acueducto de Amaniel, la galería de ladrillo del Canal de Isabel II que aún cruza Bellas Vistas.
A pocos pasos de esta calle sobrevive un esqueleto de ladrillo de diecisiete arcos de medio punto: el acueducto de Amaniel. La Calle Acueducto lo señala desde el callejero, y entender el nombre obliga a mirar esa mole de unos 120 metros que serpentea entre los bloques de Bellas Vistas.
La obra pertenece al gran empeño que arrancó hacia 1851 el ministro Juan Bravo Murillo: traer agua del Lozoya a un Madrid que crecía sin fuentes suficientes. Más de setenta kilómetros de conducción desembocaron en el Canal de Isabel II, cuyas aguas llegaron a la ciudad en 1858 con la reina presente. Este tramo, levantado hacia 1857 sobre triple galería de ladrillo con refuerzos de granito, salvaba la vaguada por la que hoy baja la Calle de Pablo Iglesias.
Conviene no confundirlo con el antiguo viaje de Amaniel, una conducción del siglo XVII que abastecía el Alcázar; aquí manda el acueducto decimonónico, uno de los pocos vestigios de su clase que quedan en pie en la ciudad.
El tiempo no lo ha tratado bien. Las obras de la calle vecina dañaron sus arcos, y la estructura quedó medio enterrada y arrinconada entre edificios, casi escondida para quien no sabe buscarla.